Con el paso del Bushido y el pulso doliente Corre la sangre como corre la senda, la milla se extiende, aunque el cráneo reprenda. Dolor en la sien, tambor en la frente, pero avanza el alma, serena y valiente. Bushido en el pecho, honor en el paso, cada zancada, un voto sin atraso. No es la calma quien forja al guerrero, sino el fuego en la mente, firme y sincero. Si duele, respira. Si arde, no ceses. El camino es del fuerte, no de los jueces. Una milla más, aunque el cielo se nuble: el espíritu gana, cuando el cuerpo se encumbre.
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